Cuando era estudiante tuve un docente, Doctor en Filosofía, entre otras cosas, que me ayudó a repensar la epistemología, a adorar los libros de ética y disfrutar a Habbermas y Franz Hinkelammert, sin dejarme enterrar por el alud de dimensiones y categorías conceptuales complejas que ambos manejan.
Paso a paso, poco a poco, primero tal libro para llegar a entender pasajes de tal otro, etc. Siempre cuestionar y confrontar autores, pensar la práctica, no proyectar teoría ya que en ello consiste parte de la alienación del intelectual. Fue uno de los docentes que más me hicieron disfrutar y más me impulsaron a indagar, a investigar, etc.
Hace un tiempo, conversando con un colega, comenté que hacía mucho no sabía de José Luis Rebellato, quien había sido nuestro docente en Etica Filosófica y Epistemología, y allí me despaché con la triste noticia de que José Luis había fallecido, hace un tiempo ya, lo que generó en mi un dolor grande. Es una perdida enorme y colectiva: qué pena en todo sentido, qué dolorosa pena para todos los que tuvimos el placer de compartir sus clases, pero qué vacio académico grandote para las ciencias sociales y las de la educación: quién podrá formar y estimular a los gurises y gurisas que hoy por hoy estudian como lo hacía José Luis? Desde ya, que dejó sus huellas y su semillero; pero cómo se va a extrañar a José Luis.
Me pongo a repasar las cosas reflexionadas con el tiempo y el andar y le debo a José Luis haber disparado y haber ayudado a correr velos y desvelos para poder abordar muchas cuestiones sociales, así de lato y amplio. Le debo para siempre:
1) que la concepción neoliberal considera al hombre como sujeto de preferencias y no como sujeto de necesidades reales.
Pero no hay elección de preferencias, si no existe satisfacción de necesidades
2) que la economía neoclásica...